Federalizar al peronismo
- meridiano20
- 15 feb 2024
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Por Omar Auton
Algo comencé a expresar en mi anterior artículo, pero voy a tratar de dejar muy en claro, desde un comienzo, sobre que estoy escribiendo. Si consideramos que desde que recuperamos la democracia y hasta que concluya su mandato Javier Milei, habrán transcurrido 44 años, de los cuáles 27 los presidentes fueron porteños o bonaerenses y que en las tres ocasionas que no lo fue (Menem-Néstor Kirchner) los vicepresidentes si lo eran (Duhalde, Ruckauf y Scioli), es claro que el sesgo bonaerense ( al fin de cuentas la Ciudad Autónoma de Buenos Aires no es más que un territorio cedido por la Legislatura de la Provincia de Buenos Aires para ser sede del gobierno nacional) de los gobiernos nacionales algo que ver ha de tener con nuestra historia reciente.
Durante décadas el noroeste argentino y parte del centro estuvo más vinculado al alto Perú que al Río de la Plata, el noreste permaneció en disputa entre las reducciones jesuitas y los portugueses y el sur era el “desierto en manos de los indígenas, más allá de las expediciones, españolas, portuguesas, inglesas y holandesas”.
Buenos Aires nace para detener el avance portugués sobre la América hispana meridional su carácter de cabeza del virreinato duró apenas 34 años antes de la Revolución de Mayo.
Las provincias mesopotámicas estaban relacionadas a la Banda Oriental, más aún con la aparición de Artigas y la liga de los pueblos libres. Una vez establecida la aduana comenzó la disputa con Buenos Aires por la navegación del Paraná y el Uruguay.
Buenos Aires tardó décadas en aportar económicamente al erario ya que el fenómeno ganadero es posterior, sin embargo el monopolio español le dio el control de todo lo que entraba o salía de nuestro territorio, de manera legal o ilegal, ya que su población fue célebre por su afección al contrabando, incluso de esclavos.
Son archiconocidos los enfrentamientos entre porteños y provincianos, es que Buenos Aires a partir del monopolio de la aduana mantuvo la hegemonía sobre el resto, en especial luego de la independencia, ya que se desprendió “alegremente” de Bolivia, Paraguay, Uruguay y parte de las misiones, en favor de Brasil.
Juan Alvarez en su libro “Las Guerras Civiles Argentinas” explica claramente que las mismas se generaron debido al conflicto por el manejo de los recursos aduaneros, entre las provincias generadoras de riqueza y Buenos Aires que retenía los ingresos del puerto. Esto no lo modificó Rosas, que al fin de cuentas era bonaerense y postergó permanentemente la institucionalización del país porque sabía que esta cuestión debía entrar en la discusión.
Ni que hablar de la consolidación del poder porteño luego de la traición de Urquiza en Pavón, el sangriento interregno mitrista donde se somete a las provincias a sangre y fuego, un verdadero genocidio gaucho muy cuidadosamente silenciado incluso por el progresismo que tanto se desvela por la expedición al desierto de Roca.
Recordemos que cuando se sanciona la Constitución de 1853 Buenos Aires pone como condición para su acatamiento el conservar en exclusividad los ingresos de la aduana, por ello tuvo que entrar un tucumano, Julio Argentino Roca, al mando del ejército nacional y someter al porteñaje para federalizar la aduana y poner en marcha la creación de un Estado Nacional en estas tierras.
Los porteños exhibieron históricamente un desprecio por los provincianos sólo comparable a su cultura afrancesada y su sometimiento a Inglaterra y nunca aceptaron del todo a los gobiernos del Partido Autonomista Nacional, no casualmente era cordobés, Juarez Celman, el presidente que enfrentó la contrarrevolución del 90 encabezada por los bonaerenses, Mitre y Alem.
Yrigoyen se apoyó sustantivamente en los jefes políticos provincianos, muchos ex roquistas, ante el desprecio de la canalla porteña, pese a que era bonaerense y socio de las Sociedad Rural, y fue del interior como Sabattini en Córdoba o de provincianos que estaban acá como Manzi desde dónde se gestó la continuidad de la intransigencia radical.
El peronismo es hijo dilecto de varios fenómenos, 1) La aparición entre 1930 y 1945 de las grandes ciudades de más de 100.000 habitantes, Córdoba, Santa Fe, La Plata, Bahía Blanca, Rosario, que se agregan a Buenos Aires, 2) El inicio de un proceso de industrialización no sólo por la sustitución de importaciones debido a la II Guerra Mundial, sino porque el fenómeno anterior provoca un incremento de la demanda de manufacturas 3) Aparición de establecimientos de más de 100 obreros, que crecen un 83% entre 1935 y 1946 y 4) La urbanización de un importante número de habitantes de las zonas rurales, atraídos por la demanda de trabajo y mejores salarios de la industria, sumado a la caída de la actividad agroexportadora ante la disminución de exportaciones provocadas por el conflicto bélico.
Cierto es que en ese momento Buenos Aires se transforma en la meca de ese proceso, esto cambia profundamente las características de la clase obrera y de los sindicatos, es el ocaso de las ideas socialistas, comunistas y anarquistas, de la atomización sindical debido a los enfrentamientos entre estos sectores y la aparición de un sector empresarial, ligado al mercado interno, Perón supo ver la aparición de este nuevo protagonismo en la política argentina, lo unió a su vocación de autodeterminación nacional y nace el peronismo como identidad política de las mayorías nacionales.
Si bien Córdoba a partir de la Fábrica Militar de Aviones (rebautizada Instituto Aerotécnico), Fabricaciones Militares y la Dirección Nacional de Industrias del Estado (DINIE), todo bajo la orientación del Brigadier Juan Ignacio San Martín fue el baluarte de uno de los desarrollos estratégicos del peronismo como era la industria metalúrgica sostenida por la inversión tecnológica para la investigación aeroespacial, o Rosario fue denominada “La Chicago Argentina” por su perfil industrial y no por la existencia de “mafias” como insidiosamente se sostuvo, Buenos Aires fue la San Pablo del peronismo.
Suena razonable que su impronta antioligárquica haya nacido de la influencia en esos años de la Sociedad Rural, de los grandes ganaderos bonaerenses, que si bien no eran mayoritarios numéricamente dentro del mundo rural lograron mantener el control político del sector durante décadas, el criollaje asentado en el actual conurbano, "nacionalizó” culturalmente esa geografía y el desprecio porteño por los “cabecitas negras” radicalizó la identidad peronista del Gran Buenos Aires y “bonaerentizó” (perdón por la barbarie lingüística) la del peronismo en general.
Después del 55, la resistencia más valiente y decidida se dio mayoritariamente en el Gran Buenos Aires, aunque también en Córdoba, Rosario, La Pampa y Tucumán (en particular los trabajadores ferroviarios y de los ingenios azucareros) La historia de la resistencia bonaerense opacó la lucha del interior. Sin embargo los grandes movimientos obrero-estudiantiles que aceleran el final de la autodenominada Revolución Argentina nacen desde las provincias, primero en el comedor universitario de Corrientes y se extienden a Rosario, Mendoza, Gral. Roca, Tucumán, para finalizar en la histórica jornada del Cordobazo ante la inmovilidad de la Capital y el conurbano.
Si todas las provincias se vieron muy afectadas por la salvaje represión y el “industricidio” de Videla-Martínez de Hoz, el Gran Buenos Aires lo sufrió en particular, cayó el empleo industrial, aparece el cuentapropismo, se van del país varias automotrices y los sindicatos del rubro quedan notoriamente debilitados. La resistencia antidictatorial si bien comienza en la zona norte del Gran Buenos Aires es más fuerte en el sur de Santa Fe y en Córdoba.
Lo que intento interpretar es porque el peronismo que tuvo una decisiva impronta bonaerense en sus inicios, que fue natural y lógica por la estructura productiva y demográfica de mediados del siglo pasado, no pudo comprender, decodificar los cambios que se produjeron en la Argentina en los últimos 50 años, quedó aferrado a una lógica que ya no se condice con el país actual, termina cayendo en la misma actitud de subestimación de la importancia de las ideas y acciones que nacen en las provincias y permanece encerrado en un laberinto del que no puede salir, profundizando un divorcio imperdonable con gran parte del pueblo argentino.
Si bien Menem era riojano y ganó con el apoyo decisivo de los peronismos provincianos, su gobierno fue profundamente porteño, los ganadores fueron los grandes empresarios radicados en la Capital, más allá del origen provinciano de Domingo Cavallo y la Fundación Mediterránea, si Urquiza, Sarmiento y Roca terminaron abrazados al poder porteño, a Menem y sus provincianos les pasó lo mismo. Ya no se trata de los viejos ganaderos o banqueros, se trata de los gerentes de las filiales locales de las grandes transnacionales, más el sector financiero (que contiene a muchos descendientes de los viejos apellidos oligarcas, hoy en extinción) y bancario, las embajadas y los grandes medios de comunicación siguen en Buenos Aires y como aún se dice “Dios está en todas partes pero atiende en Buenos Aires”.
El Kirchnerismo no escapó al perfil pero le agregó algunos elementos más distorsivos, 1) Un “estatismo” impropio del peronismo que siempre vio al Estado como promotor pero nunca reemplazando la actividad e inversión privada, quizás influenciado por provenir de una provincia del extremo sur donde solamente la iniciativa del estado nacional podía hacerse cargo de la actividad industrial única, la petrolera, o como en Tierra del Fuego ocurre con la Promoción Industrial, 2) Un rechazo visceral por las llamadas Organizaciones Libres del Pueblo, que lo alejó del movimiento sindical llegando a enfrentarlo, especialmente luego de la muerte de Néstor Kirchner, 3) Una visión “setentista” de la política, incluyendo una reivindicación acrítica de la Tendencia Revolucionaria de aquellos años, que se caracterizó por su enfrentamiento con Perón y el peronismo histórico y 4) Un modelo de construcción política basado en la creación permanente de un “enemigo” sobre el que desarrollar una épica de confrontación que anula las diferencias y matices en pos de concentrar toda decisión en un círculo de confianza y pertenencia absoluta.
Esta visión lo llevó a enfrentar primero a Eduardo Duhalde, mentor de Néstor Kirchner, para controlar la Provincia de Buenos Aires y luego poner la mira en el peronismo de Córdoba y otras provincias buscando su “domesticación”, en el caso de Córdoba el diálogo se mantuvo hasta el conflicto con el campo por la Res. 125/08, el gobierno provincial no podía acompañar la “cruzada antisoja” del gobierno nacional porque sus “farmers” son uno de los pilares de la economía cordobesa, el costo lo pagó en 2013 cuando ante una rebelión de la policía provincial y autoacuartelamiento, le descolgaron todos los teléfonos y dejaron la ciudad sometida a los saqueos y robos con un saldo de 2 muertos y más de doscientos heridos. Más que dañar al gobierno y peronismo cordobés esto provocó un rechazo del pueblo mediterráneo al kirchnerismo que aún subsiste con toda su fuerza.
El peronismo ha perdido 5 de las últimas seis elecciones entre 2013 y 2023, en esta última triunfó claramente cuando el pueblo eligió a sus representaciones locales, incluso gobernadores pese al efecto del mal gobierno de Alberto Fernández y Cristina Kirchner entre 2019-2023, sin embargo la derrota fue aplastante en el ballotage presidencial, creo que, al contrario de lo que se escucha en general, el peronismo está en crisis y por eso pierde elecciones y no viceversa.
Para comenzar a reconstruir al peronismo hay que tomar nota de una verdad de perogrullo, la Argentina que parió al peronismo, en gran parte, ya no existe , el país industrial forjado en las postrimerías de la década infame y la posguerra se encuentra herido de muerte, al mismo tiempo el regreso a la Argentina de principios del siglo XX, que pretende, entre otros, Milei es absolutamente imposible, es imprescindible encontrar al nuevo protagonista del modelo a desarrollar, no me refiero a una persona, al Líder en que obstinadamente sueñan muchos compañeros y compañeras, (incluso poniendo los ojos en personajes estrafalarios y mediocres pero con gran apoyo mediático), me refiero a, como dijera muy inteligentemente Axel Kicillof recientemente, “Basta de cantar una que sepamos todos, hay que componer una nueva canción”.
Como con López y Ramírez en 1820, con Bustos, Heredia, Quiroga e incluso Urquiza, luego o con Roca y sus “chinos”, como con la clase trabajadora de los 50, 60 y 70, es del criollaje de las provincias de donde debe salir el proyecto nacional que actualice el modelo de 1974, porque el intelectualismo progresista porteño está enfermo de la egolatría portuaria, la Provincia de Buenos Aires debe superar sus complejos de superioridad, propia del modelo pastoril-ganadero primero y de la industrialización posterior y recuperar sus mejores raíces federales, es necesario avanzar a un país integrado, enraizado en la cultura que sigue viva en las provincias, sin predominios portuarios y menos sostenido por modelos exportadores basados en la primarización de las economías.
Los clúster científico-tecnológicos de Córdoba, o sus escuelas PROA, la seriedad fiscal y productora de Santa Fe, la modernización de producciones regionales en materia de alimentos de la Rioja, Mendoza o San Juan, la adecuada explotación minera de las provincias cordilleranas o petroleras como Neuquén, Mendoza o Río Negro, muchas de ellas con gobiernos peronistas (¿Cómo se explica que en Córdoba afronte un desastre electoral tras otro y gane todas las elecciones provinciales hace más de 20 años?), constituyen ejemplos a estudiar, a analizar, pero por sobre todo la reconstrucción del diálogo, de los consensos, de un destino común, puede ser un buen comienzo.
Seguramente no van a faltar descalificaciones, me acusarán de “ Cordobesista” o “Santafesinista” o vaya uno a saber que otros ismos, adelanto que hace años que no piso Córdoba y de Santa Fe no conozco nada, más allá de visitas por razones laborales a Rosario o Santa Fe capital, pero por mi afición a la lectura o la música, por ejemplo puedo advertir como en las provincias sigue vivo un sentido de identidad envidiable, sus poetas, sus músicos, desde el “cuarteto” hasta la música del Chaco salteño, más allá de su mestizaje son expresión de una forma de ser profunda y siguen vivas. Algo parecido ocurre en la Provincia de Buenos Aires, solo hay que alejarse unos kilómetros, incluso en el conurbano donde nuestros hermanos tratan de sostener sus propias formas de vivir y de sentir la vida frente al aluvión desintegrador de los medios de comunicación masiva, hasta lo mejor del rock nacional hace años que viene del oeste del Gran Buenos Aires.
Nos hemos empachado de teorías importadas, de tratar de comprender nuestra realidad a partir de lo que sucede en la vieja y decadente Europa, sí, todavía seguimos con esa tara, hasta hemos intentado asumir que el Peronismo es una de las formas de “Populismo” que sugiere el postmarxismo europeo, desdeñando todo el trabajo que nuestros pensadores han llevado a cabo por décadas para explicar que somos la expresión de la identidad de un país semicolonial buscando su destino nacional, es hora de recuperar nuestro sentido Nacional, Popular, Federal y Latinoamericano y construir un peronismo acorde a los problemas, expectativas y reclamos de hoy.
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