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¿Cómo pudimos llegar a esta situación? 2da parte

  • meridiano20
  • 20 mar
  • 10 Min. de lectura

Actualizado: 25 mar




                                                                                            Por Omar Auton

 

Daños Colaterales


   En el artículo anterior he tratado de resumir los desatinos, defraudaciones a la confianza popular, hipocresía, falta de coraje y de auténtica identidad ideológica, además de soberbia y sectarismo, que los gobiernos democráticos han exhibido en estos 40 años y explican el hartazgo de las grandes mayorías populares con los partidos políticos, sus dirigentes y hasta la política en sí misma, lo más grave, ya que todo lo demás es más sencillo de revertir.

   Sin embargo, todo ello ha tenido gravísimas consecuencias en la comunidad nacional, un profundo deterioro en los niveles de calidad de vida, en la educación, la salud, la seguridad, el derecho a acceder a la vivienda, en la confianza que tenían nuestros padres en que sus hijos iban a vivir mejor que ellos y sus nietos mejor que sus padres, la idea del ascenso social, de la llamada “movilidad social ascendente”. Hoy casi nadie cree que estudiar y trabajar pueden asegurar una mejora en los niveles de vida propia y de nuestra descendencia, eso es terrible porque entran en descomposición valores, identidades, pertenencias, sentido comunitario etc, no es casual que el poder económico-mediático hayan ido consolidando en los jóvenes y no tan jóvenes un individualismo, un egoísmo social, un sentido de “primero yo y los demás que se jodan” que ahora todos lamentan.


   En 1982 se reconocía un porcentaje de pobreza del 22% en el Gran Buenos Aires, vamos a tomarlo, más allá de la poca confianza que nos merecen los índices de la dictadura genocida, ya que no había nadie que se atreviera a dar a conocer índices propio, con ese porcentaje se reinicia la vida democrática y el primer presidente (Alfonsín) finaliza su mandato con el 38%, el segundo presidente (Menem) logra, al principio de la convertibilidad reducirla al 22%, pero finaliza su segundo gobierno con el 44% (según el Cedlas de la Universidad nacional de La Plata) o el 30% (según el Ceped de la UBA).


   En este siglo, luego de la crisis del 2001 que la llevó al 66%, vemos que se reduce el índice y festejamos que Cristina Fernández de Kirchner asumía con “sólo” el 37%, aquí ya empezamos a tener además de los estudios de las universidades nacionales, los datos del INDEC, en 2011 la presidenta es reelecta y ahí se habla de un 28%, sin embargo, el organismo oficial, fuertemente cuestionado por sus estudios de inflación y de pobreza, deja de publicar datos entre 2013 y 2016.


   En 2016 Macri asume con un índice (según la UNLP) del 30%, llevándolo en 2019 al 35,5% (según el Indec). Finalmente, según las universidades, el Indec y la UCA (A través de su Observatorio Social) 37,3 % a un 40,6% según las fuentes, pandemia de por medio en 2021, 40,7% en 2023 y 52,9% en el primer trimestre de 2024 (60% en chicos) con casi un 17% de indigencia.


   Más allá de culpas recíprocas, cuestionamiento a los índices cuando suben y su celebración cuando bajan, la hipocresía de negar estos análisis cuando son gobierno y cuando son oposición difundirlos fervorosamente, de tal manera que quiénes eran manipuladores, falseadores de datos, o militantes del desánimo, se trastocan, cuando me conviene, en fieles, certeros y honestos reveladores del drama nacional, lo cierto es que la democracia recuperada ha agravado  severamente los peores índices de la dictadura en este terreno.


   Si hablamos de hábitat en la ciudad más rica del país, la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, el gobierno reconocía 14 asentamientos o villas miseria en 2011 y hoy se habla de 50, en provincia de Buenos Aires había 385 en 2001 y en 2017, la gobernadora María Eugenia Vidal reconocía 1134, con unas 6467 para todo el país, y hablamos de las reconocidas.

   Según el último censo los datos anteriores se confirman si tomamos en cuenta que:

Un 56% de los argentinos carece de desagües, vereda o pavimento.

Un 54% carece de servicio de gas domiciliario.

Un 38% carece de cloacas.

Entre un 15 y un 30% según la zona, carece de agua de red.

En 2018 un 33% carece de acceso al sistema de salud.


   Si usted quiere tomar conciencia de lo que esto significa SAQUE ESOS PORCENTAJES EN 47 MILLONES DE HABITANTES,  en el tema de salud, por ejemplo eso quiere decir que 15 millones de argentinos no tenía en ese año obra social, ni prepaga, ni hospital público que lo atienda como Dios manda, si tomamos en cuenta la cantidad de argentinos que han perdido su prepaga (por no poder pagarla), su obra social (por despido o cierre de la empresa, considerando que se han perdido más de 200.000 puestos de trabajo en 2024) son números escalofriantes.


   Pero estamos mucho peor de lo que usted piensa, preguntados vecinos de distintos barrios si consideran seguro el ámbito en que juegan y se mueven sus hijos un 77% dijo que no, un 54%  que hay presencia de drogas en el mismo y el 48% vive en zonas con alta contaminación ambiental (Estos datos surgen del Observatorio Social de la UCA),  son reconocidos por el 73,4% de los habitantes del Gran Buenos Aires, un 76,3% del Gran Tucumán, mientras que varían alrededor de un 15% para CABA y Ciudad de Mendoza.

   Este desastre social se agrava si incluimos que un 20% de los argentinos vive en condiciones de hacinamiento, si leyó bien más de 9 millones.


   Argentina afronta además un serio déficit en la creación de empleo, si en lo que va de este gobierno y en el cuatrienio 2016-2019 se destruyeron empleos, es necesario reconocer que desde 2011 la economía no crece, la incidencia de las manufacturas industriales en el PBI cae o permanece estancada, y cuando aumenta el PBI es por la incidencia de actividades extractivas (pesca, minería o productos agropecuarios) que no son generadores de empleo registrado (el campo es históricamente el gran generador de trabajo no registrado).


   Por si esto fuera poco, en los últimos 9 años ha caído fuertemente el poder adquisitivo del salario, ya sea por efectos de la inflación o por el disciplinamiento de la caída en la oferta de empleo, sin embargo una gran parte de los economistas y analistas, pero también de la dirigencia política cuando hablan de “pobreza” se refieren a los trabajadores informales o desocupados, ignorando o fingiendo ignorar que una parte importante de los trabajadores argentinos registrados se encuentran por debajo de la línea de la pobreza.

   Ante este drama de proporciones aterradoras el peronismo gobernante parecería que modificó la frase “Donde hay necesidad, existe un derecho”, por “Donde hay una necesidad, creamos un programa u organismo”, pareciendo creer que los problemas hay que debatirlos, aunque no se resuelvan, más aún si eso sirve para dar empleo a militantes de las agrupaciones de turno, pero eso merece un artículo aparte

  

Los derechos de segunda generación.-

 

   Durante los gobiernos de Cristina Kirchner y de Alberto Fernández se instaló fuertemente el impulso a los así llamados derechos, que expresaban básicamente las agendas feministas y de las diversidades sexuales. Quiero aclarar, antes de ser “cancelado”, que quién esto escribe militaba en 1983 en el FIP y levantaba para las elecciones la idea de la municipalización de las tareas domésticas y la sindicalización de las amas de casa así como su derecho a la jubilación, en base a considerar que el trabajo de la mujer en el hogar es una actividad socialmente necesaria, (tanto así que cuando una mujer sale a trabajar y esas tareas las hace el llamado “servicio doméstico” se paga por ello), pero que se ocultaba ese carácter.


    Asimismo siempre apoyé la despenalización del aborto, ya que esa mujer que debe vivir la tragedia de tener que hacerlo además podía ir a la cárcel, reclamando que el estado debía amparar y proteger de todas las formas posibles el que la mujer pudiera llevar adelante su embarazo, tener y criar a sus hijos.

   Se afrontaba un verdadero problema político, social y económico, las mujeres pobres eran las que al no poder sostener a sus hijos iban al aborto en las peores condiciones psicológicas, médicas y de riesgo, mientras que los sectores medios y altos conseguían pagar a quiénes lo hacían y más allá del dolor de la situación no ponían en riesgo sus vidas.


   A fines de la década pasada comenzó a llegar a nuestro país la agenda feminista impulsada desde los países centrales y sostenida por algunas fundaciones, caracterizada por una virulencia y agresividad que uno podía justificar en los años de victimización por el machismo de la sociedad patriarcal, sin embargo se la desvinculaba de la agenda de los demás derechos.


   Respecto de los colectivos LGBTQ o como se los llama “las diversidades”, si hablamos de derechos de “segunda” generación, reconocemos que hay otros de primera, serían el derecho a un techo, a trabajo digno, al descanso, a las vacaciones, a una educación de calidad para los hijos, a poder pensar en un futuro, a una vejez sin sobresaltos o angustia, a servicios públicos de calidad para todos, vivan donde vivan, a la seguridad frente al delito, todo eso no es utopía, es lo que el pueblo argentino logró con el peronismo entre 1943 y 1955, y aún con dificultades hasta 1976. Nada de eso está asegurado hoy al 80% de nuestro pueblo, ya lo hemos descripto, nos preguntamos ¿Es posible convocar a luchar por los derechos de segunda generación cuando se han perdido los de primera, para el grueso del pueblo argentino?, ¿No será que solamente el avance popular en el camino de la recuperación de los derechos básicos es dónde se van a dirimir, conjuntamente y al mismo tiempo, los derechos de ciertos grupos particulares de nuestra sociedad? En democracia se debe atender prioritariamente las necesidades y reclamos de las grandes mayorías sin perder de vista, por supuesto, a los colectivos particulares.


   Pero además se instaló entre nosotros un nivel de violencia y de agresión, mediante las llamadas “cancelaciones” que llegó hasta la locura de eliminar los viejos programas de Olmedo “por cosificar a la mujer” y el humor “machista”, claro esto es un chiste ante similares pretensiones en otros lugares del mundo como sacar del Museo del Prado obras que se consideraban “machistas” o el Otelo de Shakespeare por “promover la violencia de género”, hasta una facultad de la UBA estableció como oficial el llamado “lenguaje inclusivo”.

   ¿Era necesario en las marchas feministas defecar en la puerta de la Catedral metropolitana, o exhibir imágenes como la que acompañamos.



 

Aprendí hace años aquello de “Conducir no es mandar, conducir es persuadir”, es decir nada más y nada menos que desarrollar el arte de la política, dialogar, debatir, argumentar y escuchar estar dispuesto a hacer concesiones en aras de la concordia y eso es la Democracia, en un país donde en una encuesta de un área del Conicet de septiembre de 2021 revelaba que el 62,9% de los argentinos se reconocían como cristianos, solo el 27,3 aprobaba el aborto por la simple decisión de la mujer mientras el 51,8 lo hacía solamente en ciertos casos, en los barrios populares el apoyo era minoritario lo mismo que en grueso de las provincias, ¿bastaba el apoyo movilizado e intenso de sectores de clase media en algunas grandes ciudades para llevar adelante un proyecto, sin admitir cambios, a riesgo de provocar una fractura más?


   Si bien era cierto que numéricamente los opositores aparecían minoritarios, lo cierto es que las grandes mayorías permanecían en silencio, pero cuando además sectores de las agrupaciones promotoras de la ley lanzaron una convocatoria a la “apostasía” en un país donde la encuesta citada mostraba que un 44% de la población aprobaba que hubiera una materia donde se estudiaran las religiones, se promoviera la “separación del Estado y la iglesia” algo que en Argentina hiciera Julio Argentino Roca hace más de un siglo y finalizara con cuestionar que los médicos se negaran a practicar abortos por cuestiones de conciencia, estableciendo que había conciencias buenas y conciencias malas, olvidando el juramento de Hipócrates que realizan. ¿Podía ignorarse que se generaba resentimientos? Todo esto en medio de insultos, agravios, descalificaciones etc. Ahora se deja trascender la posibilidad de derogar la ley y la sociedad, en general no se conmueve, cuánto daño innecesario, ¿no?.


    He elegido deliberadamente el tema del aborto porque creo que de todos los “derechos de segunda generación” es el que razonablemente resulta mas indiscutible, nadie en su sano juicio puede aprobar su penalización, negar que se pueda hacer en hospitales, que los médicos que están dispuestos a practicarlo lo hagan en las máximas condiciones de seguridad, que las mujeres tengan el apoyo psicológico imprescindible, pero siempre y cuando el Estado asegure la misma protección y amparo a las que quieran llevar el embarazo adelante, demagógicamente se aprobó junto con la ley IVE la llamada de los 1000 días para acompañar a la futura madre con empleo, atención médica y alimentaria, capacitación para su empleabilidad posterior, es letra muerta, no se hizo nada, típico de un gobierno (que se autodenominaba peronista) que se dedicó solo a quedar bien con Dios y con el diablo, a decir que sí a todo el mundo.


    Nadie advirtió que comenzaba a instalarse una reacción peligrosamente violenta, muchos jóvenes no se atrevían a buscar un acercamiento con las chicas por miedo a ser rechazado, agraviado o hasta denunciado o golpeado, si alguno cree que exagero que hable con los pibes de las escuelas secundarias, cualquier gesto podía ser tachado de “violencia machista”, en la Universidad de Quilmes fueron a dar charlas sobre igualdad de género, se incorporó el tema del fenómeno “trans”, el lenguaje y la actitud fue tan autoritaria que se formaron corrillos de empleados furiosos con lo acontecido, ¿alguien analizó cuanto influyó todo esto en el voto a Milei de los jóvenes de menos de 30 años?, Perez Reverte en una nota reciente decía que el crecimiento de cierta ultraderecha en España y el retroceso de los partidos de izquierda comenzó cuando estos últimos abandonaron las necesidades y reclamos de la clase trabajadoras para abrazar el relato Woke.


   Pero no satisfechos con esto, se alimentó, además, el “indigenismo”, la idea de los estados plurinacionales, sí, la idea de dividir aún más una Sudamérica balcanizada, hombres y mujeres de clase media, porteños, que de las provincias solo conocían los lugares turísticos comenzaron a usar la whipala o a poner a sus hijos nombres araucanos, reclamar la destrucción de todos los monumentos de Roca por “genocida de los pueblos originarios” ignorando que por ejemplo la llamada “Nación Mapuche” tiene su sede en Brístol, Gran Bretaña, los demiurgos de la división de América.


   Llamativamente no se formó ningún grupo que reclamara, por caso, que ninguna calle llevara el nombre de Bartolomé Mitre, que ninguna plaza tuviera su estatua, él sí fue el responsable de dos verdaderos genocidios, el del pueblo paraguayo en la vergonzosa guerra de la Triple Alianza, el de los gauchos de las montoneras provinciales con fuerzas comandadas por oficiales uruguayos y que para que se pudiera federalizar Buenos Aires obligó a que murieran más de 3000 hombres en la batalla librada frente al Ejército Nacional.


   Alguien debería explicarles que en la denominada “Campaña al Desierto” prácticamente no hubo batallas, que dos regimientos estaban integrados por indios tehuelches y otros que habían sido desplazados y masacrados durante años por los araucanos y que habían muerto más indios en la campaña de Rosas o en la guerra de los fortines de Alsina que en la Campaña al desierto.


    Lo más lamentable fue que el gobierno de Alberto Fernández y Cristina Kirchner a través de sus funcionarios en lugar de encarrilar todas estas cuestiones y resolverlas con información adecuada, diálogo y escucha, la búsqueda de puntos medios razonables, que es al fin de cuentas el alma de la democracia, se dedicaron a tomar partido públicamente.


   Seguramente miles de trabajadores informales, pequeños comerciantes y empresarios, arrasados por la pandemia, sin trabajo o fundidos por la crisis sanitaria cuando el presidente lanzó una cadena nacional en julio de 2021, supuso que era para anunciar medidas, aunque sean paliativos, NO… era para entregar 3 DNI donde cuando dice “sexo”, había una X en lugar de los tradicionales “hombre” o Mujer”, un “DNI no binario”, como reconocimiento a las nuevas identidades, mejor me callo, chamigo, mejor me callo, cantaba Teresa Parodi.

(Continuará)

 
 
 

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